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viernes, 9 de septiembre de 2016

LA UNIVERSIDAD MERCANTILIZADA

Dos cosas se ha vuelto insoportables en la vida universitaria, más allá de la ausencia de verdadera vida colectiva, salvo en la dimensión que Jean-Baptiste de Foucault y Denis Piveteau  (Une société en quéte de sens) llaman "la alienación de todos que hace la exclusión de unos cuantos":
       -en primer lugar, el docente y/o investigador está al servicio de una tecnocracia que desconoce todo de la academia pero conoce mucho del llenado de estadísticas y circulación de datos y papeleo como sea. El problema es grave cuando se trata de una universidad pública: lo que se ha perdido es el sentido del servicio público. En otros términos, esa tecnocracia, con frecuencia insolente, no está para servir al investigador y/o docente, sino para servirse de él utilizando su trabajo para hacerse valer "hacia arriba", ante autoridades que tampoco responden al servicio público, sino al primer organismo internacional que pasa, "receta", "administra" y en el cual, mediante "directrices", "agendas" y cosas por el estilo, la tecnocracia de la cúspide justifica cargos y sueldos jugosos. Los "incluidos" se protegen de la "exclusión" -cuando sienten que pudiera haberles tocado- mediante lo que de Foucault y Piveteau llaman "una formidable parálisis del sentido", que ya no está en el trabajo, sino en la gestión entendida como "seguir en circulación". La parálisis es tal que incluso la cuestión del sentido ha dejado de plantearse, siendo que debiera estar sujeta a cuestionamiento de cuando en cuando  El silencio es tal que no hay frente-a-frente (porque se quiere evitar todo conflicto) ni lado a un lado, para retomar a de Foulcaut y Piveteau. Todo el cuadro cooperativo ha sido pervertido..  
      -en segundo lugar, asumiendo de lleno lo que algunos llaman "neoliberalismo", los alumnos confunden un lugar público con uno privado, de tal modo que tratan al docente y/o investigador como si fuera un empleado de ínfima categoría, reducido a estampar su firma en un trámite, o la empleada doméstica. ¿Lo hacen porque "pagan impuestos" y creen que se han "comprado derechos", como suele suceder en las universidades privadas? Sobre todo en los niveles más altos, maestría o doctorado, los alumnos entran a clase -presionados por una beca- a "tramitar una calificación" -glosando lo que sea, traficando textos- y miran al profesor como se observa a un empleado a través de una ventanilla: más ágil es el trámite y menor la demora en adquirir conocimiento, mejor.
      El resultado es que la tecnocracia hace sentir poder en vez de servir (al grado que un docente o investigador tiene que resolver problemas que debieran ser de la competencia correcta de una oficina), haciéndole perder sentido al trabajo del académico, mientras por su parte el alumnado, también con una fuerte sensación de poder, trata al profesorado como se trata a las empleadas domésticas. No son los propios académicos los únicos que se enferman de poder: se contagia a la tecnocracia y al alumnado, sin que tenga que ver por lo demás con lo que fue la nefasta "universidad activista". Es la universidad del llamado "neoliberalismo" donde "poder" significa que todas las relaciones se han mercantilizado. Los investigadores y docentes (en la docencia la precariedad es tan grave como en Estados Unidos) tienen que "ofertar" a quienes en la tecnocracia -los traficantes de directrices nunca consultadas- se reservan el derecho de "comprar" -así sea inconscientemente, en dictámenes, evaluaciones, etcétera- el paper o "comprarse el pleito" si consideran que lo hay porque quien "oferta" no ha sabido seguir la conseja: "como te vendes te tratan"..