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domingo, 11 de septiembre de 2016

SALUDOS FAMILIARES, CABRONCITAS

Un nuevo prototipo de familia ha nacido, bajo el pretexto de que el "patrón de género" consistiría en que el hombre se dedique a "proveer" y la mujer a "cuidar" (¿pero cuidar el gasto o qué?). En realidad, hace mucho que ganó el "hombre económico"y que Marx dijo que el matrimonio burgués es una forma de prostitución y, ciertamente, más de un machito "provee", pero no por tonto: se compra -he aquí una primera transacción- el derecho a que lo sirvan (¿distingue entre mujer, empleada doméstica y "sexoservidora"?)
      La maternidad se ha convertido en otro acto de compra-venta, aunque las nuevas féminas no lo vean así, sino como algo "sublime", según las cazadoras de supuestas suegras, "mujeres exigentes y posesivas", etcétera, que estarían en disputa por el "proveedor" y queriéndoselo quitar a las interesadas. Esas cazadoras no hacen más que proyectar en otros, sin ver, el tipo de relación anhelado: consiste en tener un hijo, de preferencia varón, para comprarse -otra transacción- el estatus social de madre, bien visto desde la gigantesca clase media estadounidense hasta los países de culto a la Virgen. El trato está cerrado: El "provee" y el cuidado de ella es en realidad la compra mencionada, que hace al hijo o a la prole en general "de su propiedad", de tal modo que las mujeres que consideran que el principal estatus está en ser madre -no en valer por cuenta propia, con trabajo por ejemplo- se venden (utilizando un hábil movimiento de extremidades) para adquirir, con el "producto" de la venta, la cesión de todos los derechos, y de por vida, sobre las ganancias que reporten los vástagos. En un abrir y cerrar de ojos (digo, es un decir) Fulano se vende así, a cambio de que lo sirvan, a un ámbito doméstico en el cual no tiene nada qué decidir, porque otra es "la dueña de sus quincenas". El señor se ha comprado una vieja que lo atienda y la vieja se ha comprado un hombre que le de estatus (directamente o indirectamente, "haciéndole el favor", el de un hijo incluido). La vieja se vende y el tipo también: la vida en pareja consiste en negociar  "la fuerza del cariño" poniéndole un precio que deja la impresión de que, justamente porque hay "un precio", no toda dignidad se ha perdido, aunque no quede ninguna.
      La pareja sigue y de algún modo se compra a los hijos, regalándoles (en apariencia) de todo, más en una sociedad de consumo. ¿Regalándoles? En realidad, se los (les) compra "todo lo que quieran" (todo por lo que estén dispuestos a venderse, de algún modo). A su vez, la pareja se vende a los hijos que se hacen así acreedores a "las libertades" (individuales) de hacer lo que quieran, sin devolver nada (¿para qué, si consideran que ya pusieron el precio vendiéndose al aceptar ser los comprados-mimados predilectos de la familia?). La pareja -en especial la madre- se ha comprado la propiedad de los hijos (en especial del varoncito) con réditos y los hijos se compran los derechos -de niños, jóvenes y mujeres- para disponer a su antojo de "su parte" bajo esa permisividad que da el acto de compra-venta, el trato que "está cerrado". He aquí la mejor manera de formar prole sin criterio ninguno, que saldrá a la "sociedad" a venderse para comprarse la libertad, lo cual se llama "proletarización", así sea de "lujo" en los servicios de management, coaching, head hunters, outsourcing o marketing.
     Los tipos terminan en arranques de machismo, pero "pintados en la pared". La mujer que aspira a conseguirse un proveedor -si con estatus, mejor- detesta a la que se vale por sí misma, con o sin hijos, proyectando en aquélla sus frustraciones (no haberse conseguido ni falo ni falito, hasta lograrlo). Las MMC (Mientras Me Caso) son así un peligro público para otras mujeres -las independientes-, sean "potenciales suegras", "competidoras de edad igual o de otra edad", etcétera (¿los protocolos contra la violencia de género todavía no se han dado cuenta de que hay algunas hienas sueltas?). La ciencia económica diría que se trata de competencia por "recursos escasos" (el falo, el falito). Las viejas sin la menor independencia de criterio, cuyo único fin es esa competencia (que igual necesita de poder y de convertir la esfera privada en un infierno), son un peligro para otras mujeres, de tal forma que todo el "género" no es igual: ser dama no es un "precio a tratar", sino una dignidad a no perder, pero enloquecen las que compiten cuando se dan cuenta de la diferencia, !ja!, entre valor y precio.
      Estas familias de negocios deberían abrir espacios web mostrando, por ejemplo, "los Pérez": 1) misión, 2) valores, 3) responsabilidad social, 4) contacto, con una gran pestaña de inicio "About us".