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sábado, 27 de febrero de 2016

JAPON-RUSIA: SIEMPRE CON REVANCHISMO

Desde finales de la Segunda Guerra Mundial Japón y Rusia (heredera de la Unión Soviética) no han firmado un tratado de paz, de tal modo que Tokio, desde mediados de los años '50, reclama para sí las islas Kuriles, situadas en el mar de Ojotsk, entre ambos países. Tokio se ampara en un acuerdo de 1855 (sic).
    Como en su momento trató de hacerlo hacia Europa, Rusia ha tratado de ganarse a Japón ofreciéndole participación en la explotación de hidrocarburos en Siberia y en el Extremo Oriente rusos. Así, empresas japonesas tienen un papel no desdeñable en los yacimientos Sajalín-1 (30 % en manos de Sodeko) y Sajalín-2 (Extremo Oriente ruso, poco más de 22 % en manos de Mitsui y Mitsubishi). Japón está interesado en diversificar sus fuentes de abastecimiento energéticas después del accidente de Fukushima y por el hecho de depender al 100 % de importaciones de hidrocarburos, una parte de los cuales (gas licuado) llega desde Estados Unidos. Así, Washington no ve con demasiados buenos ojos el acercamiento entre Rusia y Japón. Para los nipones, en términos estrictamente económicos la importación de gas ruso es mucho más barata que la de GNL desde Estados Unidos.
     Japón está interesado en los proyectos Sajalín-3 y en los yacimientos Yamal en la región de Irkutsk (distrito Yamalo-Nenets). Bajo presión estadounidense, sin embargo, Japón se sumó a las sanciones contra Rusia y por otra parte, desde el fin de la Unión Soviética, no cesa una actitud de revanchismo que se expresa en el reclamo de cuatro islas de las Kuriles, como si Japón hubiera vencido a Rusia en alguna guerra reciente. En cierto modo, Tokio quiere invertir porque lo necesita en un país al que ve como vencido, por lo que le impone condiciones. ¿Pero fue el resultado de alguna guerra en tiempos soviéticos que Rusia fuera periferia de Japón? El primer ministro nipón, Shinzo Abe, ha prometido de todos modos visitar próximamente Rusia, con quien Tokio sigue "técnicamente" en guerra.