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miércoles, 3 de febrero de 2016

¿O ES PUTIN UN BORSCH?

Borsch es una sopa, fría o caliente, de betabel (rojo) con algo de crema agria (blanco), y se le atribuye un origen ucraniano.
     En medio de declaraciones extraviadas sobre el pasado soviético, e influidas por la telecracia rusa, que adora a los blancos (nombre de los contrarrevoluconarios luego de la revolución bolchevique), el actual mandatario ruso, Vladimir Putin, es capaz, muy rojo él, de decir que el hombre al que más admira es Guennadi Ziuganov (líder del Partido Comunista de la Federación Rusa) y de señalar que le gusta la ideología comunista, a la que compara con la Biblia (!). En realidad, es probable que desde hace rato Occidente haya olido, como por lo demás muchos rusos, que en la Rusia actual quedan formas de sovietismo, que no son desde luego las corruptas que vienen de los oligarcas.
    "Me gustaban mucho y me siguen gustando las ideas comunistas y socialistas", ha dicho Putin, refiriéndose sobre todo al "Manual del constructor del comunismo". "El comunismo me imponía mucho", ha comentado. Para el mandatario, hay "ideas muy acertadas, como la igualdad, la hermandad y la felicidad". Lo más curioso es que Putin ha declarado que nunca se deshizo de su carnet del partido: a diferencia de otros funcionarios, no lo tiró ni lo quemó, "por ahí anda".
    En esto se basa Occidente para decir que "Rusia es una amenaza", desde luego que "agresiva" y "expansionista". Que Putin sea crema agria, no deja de crear cierta indignación del propietario individualista, aunque a cambio de alguna ventajita le dejará a un gobierno occidental el papel de "contener" y sancionar a los rusos, quedándose con sus recursos. Que Putin sea betabel ya lleva a pasar de la indignación al Gran Temor: si se deja avanzar a Putin "hacia las fronteras de la OTAN, la Organización del Tratado del Atlántico Norte", el Estado se llevará a los niños, las esposas serán "socializadas", tío Alberto irá al Gulag y expropiarán la casa y la  4por4 (queda entendido que el perro se quedará solo). El mandatario ruso es sin duda sorprendente; pero tanto como el discursillo del occidental promedio, capaz de autoengañarse con cualquier cosa (Putin ha dicho al menos que la ideología comunista no se hizo realidad), francamente no.