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lunes, 1 de febrero de 2016

NAZISMO: ¿DE QUE NO SE DIERON CUENTA?

Puede ser que los alemanes no supieran mayor cosa de los campos de concentración y que los jerarcas nazis ejecutaran órdenes sin mucha conciencia. Lo que sí está demostrado es que el alemán promedio sabía que se beneficiaba de la guerra, según lo ha mostrado Gotz Aly (La utopía nazi).
     Ante todo, las vituallas: las familias alemanas se beneficiaban de lo que los soldados enviaban desde el frente, en el Oeste como en el Este. Escribe Gotz Aly: "los soldados alemanes vaciaron literalmente las tiendas de Europa, enviando millones de paquetes postales desde el frente a Alemania. Los destinatarios eran sobre todo mujeres. Cuando se habla a las receptoras, hoy ancianas (el libro de Aly fue publicado por primera vez en 2005), de aquellos paquetes, todavía se les iluminan los ojos: zapatos de Africa del Norte, terciopelo, seda, licores y café de Francia, tabaco de Grecia, miel y tocino de Rusia, enormes cantidades de arenques de Noruega, por no hablar de los innumerables regalos desde Rumanía, Hungría e Italia". Todavía hay mujeres que se enojan: "las mujeres alemanas -se lee en el texto- han recordado durante décadas después de la guerra, con un tono quejoso: '!Durante la guerra no sufrimos hambre, todo funcionaba!!Fue después cuando todo empeoró!". Es de suponer que los alemanes también se dieron cuenta de que llegaban a Alemania muchos trabajadores desde países ocupados. Así que había abundancia e "inmigrantes" a la vista.
      El asunto de los judíos parece haber sido algo más que puramente racial. Antes de la llegada de Hitler al poder, en 1933, había en Alemania unos seis millones de desocupados. Hitler prometió bajar el desempleo y lo logró: a los pocos años, quedaban un millón y medio de parados, en un fenómeno similar al que consiguió Franklin D. Roosevelt en Estados Unidos con el "Estado de Bienestar", que terminó de consolidarse con la entrada de Washington en guerra -con ello bajó sensiblemente el desempleo, que repuntaba a finales de los años '30. El Estado de Bienestar alemán logró salir adelante con el rearme y una deuda pública tan monumental que para finales de los años '30, el Reich estaba más o menos en quiebra. ¿La solución? Hubo dos: la primera fue la "arización", mediante la cual se obligó a los propietarios judíos a ceder su patrimonio al Estado alemán (eran "títulos del Estado") a cambio de percibir intereses. Así, con estos títulos, se financiaba la deuda. El otro medio fueron los "costes de ocupación" impuestos a los países vencidos, que optaron por hacer lo mismo para pagarlos, expropiar a los judíos. Andando el tiempo, la expropiación fue más descarada: viviendas despojadas a judíos para entregarlas a los alemanes en ciudades bombardeadas, despojo de bienes que los judíos dizque podían llevar a deportación y que nunca llegaban....¿Ventajas? Subsidios a la agricultura alemana, elusión de impuestos para las grandes firmas, congelamiento absoluto de alquileres, considerable estabilidad de precios, impuestos bajos, bonificaciones y ayudas estatales generosas (hasta el equivalente de poco más del 70 % de la renta media en años de paz), incluidas las otorgadas a familias numerosas: "no pocas familias alemanas -escribe Gotz Aly- disponían durante la guerra de ingresos más altos que en tiempos de paz", y las más contentas eran las mujeres. ¿Qué tenían los alemanes?Además de abundancia ("productos del mundo entero"), bajos impuestos, ayudas estatales buenas ("prestaciones sociales"), "inmigrantes", acceso legal a ciertas drogas, tolerancia con las "preferencias sexuales", leyes contra el maltrato animal y contra el tabaquismo, un ambiente limpio en una naturaleza de tarjeta postal, un ejército poderoso...¿Para qué mirar a costa de quién, con financiamiento de quién? Cuando hubo riesgo de que cesara el avituallamiento desde el Este, los nazis prefirieron por ejemplo que de poco más de tres millones de prisioneros de guerra soviéticos, dos millones se murieran de hambre.
     "Gentes sencillas -escribe Gotz Aly- se encontraban de repente en posesión de cosas de las que pocos años antes ignoraban la existencia". "Visto así, dice el autor, los responsables nacionalsocialistas no hicieron de los alemanes ni fanáticos ni 'señores ' (Herrenmenschen) convencidos, sino pequeños aprovechados y ventajistas. Muchos de ellos se tomaron por buscadores de oro, creyendo que en un futuro próximo el dinero sería tan fácil de obtener como las piedras. Del mismo modo que el Estado se convirtió en una máquina de pillaje, los alemanes corrientes de la época se dejaron corromper y sobornar y los soldados se convirtieron en navajeros prepotentes". Antes que en entusiastas, los alemanes fueron convertidos así en "(...) conformistas que disfrutaban de las posibilidades cotidianas de beneficiarse que les ofrecía el sistema".