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miércoles, 27 de julio de 2016

KILLARY: SEGUIR CON EL PROYECTO IMPERIAL

Aunque el nivel de debate en la campaña presidencial estadounidense es bajísimo, sí es posible establecer diferencias entre los candidatos. Mientras el republicano Donald Trump parece querer reactivar el mercado interno (nacional), lo más probable es que Killary Clinton, la candidata demócrata, prosiga con un "modelo" basado en la expansión hacia el exterior, es decir, en la "competitividad de las exportaciones". Esto supone -justamente para hacerlas "competitivas"- mantener comprimido el nivel de vida (los salarios) de los trabajadores estadounidenses, lo que Alan Nasser ha llamado en Counterpunch mantener el "precariato". Es el "modelo" que reivindicó el actual mandatario Barack Obama, quien en un discurso ante el Eximbank, en 2010 (Import-Export bank), priorizó la competividad de las exportaciones alegando: "los mercados que crecen más rápido están fuera de nuestras fronteras. Necesitamos competir por esos clientes". En 2011, Obama dijo: "estamos globalizados para vender nuestros productos. De nuestros grandes productos, 80 % son vendidos en el exterior". En otras palabras, de lo que se trata es de seguir abriéndole en el mundo mercados a todo lo estadounidense. En especial, este "modelo" tiene los ojos puestos en Asia y probablemente en China, ahora que el gigante quiere ampliar el consumo del mercado interno (no forzosamente nacional) -este "modelo" de Clinton es exactamente lo que no quisiera Donald Trump. Si los trabajadores estadounidenses quieren consumir más, no les quedaría más que seguir endeudándose. Una presidencia de Clinton no tendría repercusiones positivas sobre el nivel de vida del estadounidense promedio.
    Uno de los problemas de este "modelo" es que el mercado ganado para las grandes corporaciones estadounidenses es mercado quitado a empresas de otros países. Entrar a mercados externos supone forzar las cosas para que otros los abran, aceptando desventajas, y aquí se mantiene "sobre la mesa" la presión de otro tipo, no directamente económica, sino política, cultural y militar, el "poder inteligente"(?) que le encanta a Killary. En esta óptica, el mundo entero se ha convertido en potencial mercado para las corporaciones estadounidenses, y hay que vencer las resistencias mediante presiones de todo tipo. No se trata de ningún proceso "espontáneo", "autorregulado" ni nada por el estilo, sino de desplazar al competidor, real o potencial, con todo lo que esté al alcance, el golpe bélico incluido. Esto simplemente augura mayores consecuencias -y más duras- de lo que son ambiciones imperiales que encarna una nueva rica completamente enferma de ambición.