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miércoles, 22 de junio de 2016

OCCIDENTE-RUSIA: EL CRIMEN PERFECTO

Jean Baudrillard dijo alguna vez que el crimen perfecto es el que no deja huella.
      Al lanzar una lluvia de descalificaciones sobre la historia soviética, sin considerar las evidencias de archivo, los críticos han conseguido evitarse el tu quoque ("tu también"), de tal modo que es muy raro que quien critica a la Unión Soviética recuerde Hiroshima y Nagasaki, el napalm y el agente naranja sobre Vietnam, las reiteradas intervenciones militares en América Latina, el apoyo a dictaduras con su cohorte de exilios, desapariciones y torturas, los bloqueos de décadas, las anexiones de enormes territorios, el apoyo (probado) al ascenso nazi, etcétera, por parte no de los nazis, obviamente, sino de las democracias llamadas "liberales". No hay ningún mal en estas democracias que ya ni siquiera son imperiales: Tiro-en-la-nuca Obama es amistoso con Cuba y con Japón, revela archivos de la dictadura argentina, en fin, hace el bien y, cuando Estados Unidos interviene, siempre hay una buena razón humanitaria, la "responsabilidad de proteger", de Kosovo a Libia. A este ritmo, Occidente no hace sino el Bien y por el Bien de todos, "socios y aliados".
        En cambio, la historia soviética, puro "crimen", "años de terror", "sin los bolcheviques seríamos 600 millones", los "campos de la verguenza", "errores de Stalin", "escasez", "hambrunas terribles", son desde luego el Mal, absoluto, que merece la damnatio memoriae, condena de la memoria.
        Si lo segundo es inhumano, lo primero es humano; si lo segundo es bárbaro, lo primero es civilizado. El crimen es perfecto: el agresor es humano y no agredió (se defendía, o incluso nunca violentó a nadie), ni es monstruoso Es más, es "superior" al "bárbaro" bolchevique. Ni los trabajos historiográficos, ni los archivos, ni los hechos que aportan evidencias importan porque, en realidad, ni siquiera importa en lo más mínimo la verdad soviética ni verdad ninguna, sino el interés del que habla (no ser descubierto, en este caso), como ocurre siempre con el sofista, con quien no se puede hablar: señalar la paja en el ojo ajeno para que no sea vea la viga en el propio, la inhumanidad artera e inferioridad (por deshumanización) de Occidente y Japón.