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lunes, 20 de junio de 2016

RUSIA: LA NUEVA IDEOLOGIA SE ELEVA A IDIOTEZ SUPREMA

Al colocarle al militar finlandés Carl Mannerheim una placa conmemorativa en San Petersburgo, la antigua Leningrado, las autoridades rusas -porque fue un acto oficial- quisieron reivindicarlo en parte como "un ruso", puesto que el finlandés nació cuando Finlandia todavía estaba asociada al imperio zarista. La plaquita la inauguró Serguei Ivanov, vicepresidente de gobierno.
       Formado en el ejército imperial ruso, Mannerheim tomó parte en la guerra ruso-japonesa. Sin embargo, a raíz de la revolución de 1917, este futuro militar condecorado por los nazis peleó organizando a los guardias blancos contra los comunistas (rojos), finlandeses incluidos. De este modo, durante una parte de la guerra civil en Rusia, Mannerheim mató rusos: un episodio conocido es el de Vyborg, ciudad entre San Petersburgo y la frontera finlandesa, donde las tropas blancas organizaron una matanza de población rusa, sin mayor distinción de puntos de vista políticos (simplemente los finlandeses se desquitaban de la opresión zarista). En realidad, como lo ha sugerido Igor Pyhalov en el portal Nakanune.ru, corresponde a los finlandeses rendir homenaje a Mannerheim, quien, a pesar de sus traspiés, buscó mantenerse algo equidistante de Alemania y de la Unión Soviética.
      De otro modo, además de homenajear a un militar condecorado por Hitler, las autoridades rusas, en nombre de la "reconciliación entre los rusos", de cualquier ideología, en realidad premian al blanco que mataba rusos rojos, a un paso, por lógica, de considerar "no ruso" al rojo. Es una maravilla: en este completo desatino, no lejos de desvaríos como los de Ucrania, el Kremlin también podría rendir homenaje a Krasnov y Vlasov, soviéticos que pelearon del lado de los nazis, porque eran rusos. El resultado sería igual de idiota: premiar por ser ruso a un ruso que mataba rusos, salvo que el problema, muy en serio, consista en fabricar cualquier cosa que niegue la existencia de la Unión Soviética.