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miércoles, 5 de octubre de 2016

POR ESO AUN ESTOY/EN EL LUGAR DE SIEMPRE

Sara me llamó a su oficina. Supuse que podían ser dos cosas: algo importante para mi, o algo importante para ella (ahora, una de las cosas importantes para la tecnocracia que se ha apoderado de la universidad consiste en convocarnos a llenar las estadísticas que justifiquen sus puestos).
      Siempre he tenido en particular aprecio el modo en que gran parte de la sociedad mexicana se representa a un investigador científico, o a un científico a secas. Tengo entre mis más gratos recuerdos el de haberme encontrado a Miss Piggy -ex compañera de estudios en la universidad- en la Cineteca Nacional. Como el tema salió en la breve conversación, apenas aquella se enteró de que yo estaba "aún" trabajando en la universidad, me lanzó un significativo: "!ah, sigues ahí!".
      Tengo un colega y ex vecino que me invitó a dar clases -lo cual le agradezco, por lo demás- en una Facultad de la universidad, pero lo sorprendente es que, pasado algún tiempo, al encontrarme al colega en una esquina, él me lanzó: "¿sigues dando clase ahí?". Me encanta la sensación que dejan estos comentarios siempre al pasar: siente uno, en vez del orgullo, el honor o el privilegio de ser científico algo más parecido a lo que seguramente siente quien en años no ha salido de Alcohólicos Anónimos Valor para Cambiar. A veces, cuando me preguntan si sigo dando clases ahí, se me ocurre que debiera contestar: -"sí, no logro dejarlo".
       Así que la cabeza me bullía, entré a la oficina y con su melosidad de siempre, muy acorde con su pésimo gusto para vestir, la Gordon me soltó:
       -Hemos pensado en tí...
     Es el tipo de frase que puede enorgullecer a cualquiera que aún no haya reparado en que un asaltante con algo de cortesía podría decir exactamente lo mismo. !Amigo, danos todo lo que traigas, hemos pensado en tí! Es también el tipo de efusividad de la lagartona que se apresta a meter mano en el presupuesto familiar. !Hemos (mi familia y yo) pensado en ti! Adoro que piensen en mí, la verdad.
       Enterado de qué se trataba, estaba a punto de quedar agradecido (conociéndome, debí haber soltado en ese momento mil gracias, como quien acaba de adquirir un millón de amigos para  así más fuerte poder cantar) cuando Ella se encargó de explicarme:
       -Es terrible el incivismo que hay aquí, nadie quiere ser. Así que hemos pensado en tí.
     Acababa de enterarme de que, simplemente, el entrenador no encontraba ni en la banca quien quisiera entrar a la cancha y habían decido ir por el aguador. De milagro no me habían propuesto preparar los huevos con chorizo de las 11 a.m. para el sindicato, porque "nadie quiere hacerlo", ni siquiera las trabajadoras de limpieza, que no están para chorizos (en la universidad, nadie).
     La frase, desde luego, era incívica e insolente, pero es que los propios universitarios sienten por la universidad, y sobre todo por quienes siguen ahí, algo así como una gran pena que, claro, permite compadecer -pobretear- y reconfortarse en la creencia de que el otro, cualquier otro (así tenga tres décadas de trabajo universitario), no ha pasado de ser un "cualquiera". Porque quien no lo es, lógicamente, no sigue ahí. Ni en el puesto, creo. Supongo que, si hay el chiste correspondiente, el colmo de un universitario es reprobar siempre ahí.