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martes, 29 de diciembre de 2015

AY, HITLER

Una de las modas surgidas de los campus estadounidenses y sus imitadores consiste en aducir que el régimen nazi perseguía y mandaba a campos de concentración a "judíos, disidentes, gitanos y homosexuales", un tipo de descripción que excluye cortésmente a los comunistas (alemanes incluidos).
      Entre 1931 y 1934, las secciones de asalto del partido nacional-socialista obrero alemán (partido nazi), las SA, estuvieron al mando de Ernst Rohm, declaradamente homosexual. Rohm había estado como instructor militar en Bolivia en los años '20, en la guerra del Chaco y destacado en Oruro, donde participó en una intentona de golpe de Estado contra el entonces presidente boliviano Hernando Siles. Aunque cuando los nazis disolvieron las SA, algunos altos jerarcas alegaron la homosexualidad de Rohm, Hitler buscó protegerlo (Bertold Brecht, tal vez exagerando, se mofaba al sugerir que Rohm era el amante del Fuhrer). A pesar del artículo 175 de la ley alemana, que incriminaba la homosexualidad, esta fue tolerada mientras fuera "discreta", en particular por Hitler. No hay nada en Mein Kampf ni en el programa del partido nazi contra la homosexualidad.
      El número de homosexuales llevados a campos de concentración fue bajísimo (entre 5 mil y 15 mil hombres, según las fuentes), y muchos tenían no la "estrella rosa", sino la verde (delitos del orden común). La cifra es baja porque, según el estudioso rumano del tema, Eugen Relgis (quien por cierto vivió largos años y murió en Uruguay), al llegar Hitler al poder había en Alemania dos millones de homosexuales, máxime que durante la República de Weimar, antes del ascenso hitleriano, estos tenían clubs, cafés, asociaciones, publicaciones, literatura escogida, etcétera, y el artículo 175 se utilizaba apenas como instrumento de chantaje (lo que se hizo por lo demás contra Rohm). Al nazismo le gustaba la música de Wagner, quien celebrara la homosexualidad en "Obra de arte del porvenir", y la homosexualidad era de cierta "tradición" en esa "nobleza ruda y guerrera" guillermina (así lo demostró el llamado "escándalo Eulenburg"). Al autor Friedo Lampe se le permitió seguir escribiendo durante el Tercer Reich (publicó en 1936 y 1937) pese a que en alguno de sus textos representaba tendencias homosexuales, y a los kapos en los campos ocasionalmente se les "daba" un prisionero.
       No hubo cacería de homosexuales en el Tercer Reich y, al menos por parte de Hitler y una parte del partido nazi, fue algo tolerado, o peor: se sabía que en la camaradería bélica alemana el "ingrediente" no faltaba y el desprecio nazi por la mujer, "máquina de hacer hijos", era olímpico. Ya en la segunda Guerra Mundial, el sadismo sexual de los nazis en los territorios vencidos batió récords, lo que quiere decir que, al menos desde el "gran relajo" de Weimar, Alemania no era ni sana ni demasiado "purista".