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miércoles, 23 de diciembre de 2015

COSTA RICA: ¿SOLIS CONTRA LA CORRUPCION?

Una de las cosas que más puede inquietar en América Latina de la corrupción es que termine. Si fuera así, no queda muy claro con qué criterio se multiplicarían los panes, porque ni el trabajo ni el mérito son valores dominantes.
      Luis Guillermo Solís, mandatario costarricense, no pudo ocultar a los 100 días de su mandato (que comenzó en 2014) que encontró lo siguiente: "el problema de la corrupción y de la ineficiencia en las entidades del Estado puede ser mayor de lo que hasta ahora se imaginaron los pesimistas", declaró.
      Costa Rica, un país muy estable políticamente hablando, desde 1948, ha tenido un sector publico en el cual, a diferencia de lo que ocurre en el resto de la región, los empleados del sector público (15 % de la fuerza laboral formal, unas 295 mil personas) son mejor remunerados que los del sector privado. Esto no impidió que Solís, candidato ciudadano (Partido Acción Ciudadana), encontrara "puestos de jefatura sin un solo subordinado" (es decir, cargos de jefe remunerados para mandar sobre absolutamente nadie), "beneficios salariales excesivos para el círculo primario de ex ministros" (como si por lo demás no hubieran dejado nunca el cargo), "contrataciones con exclusividad", entidades que trabajaban sin presupuesto e instituciones que lo tenían subejecutado. Solís mencionó igualmente las duplicaciones de funciones y fragmentaciones de un aparato estatal con muchos trámites, lentitud y frecuentes poderes de veto.
      Lo que hiciera o dejara de hacer Solís -por lo demás no muy favorable a seguir con el acercamiento económico con Estados Unidos- no interesó a nadie: ni a la izquierda, ni a la derecha, que por lo demás tuvieron alguna vez en Costa Rica su peculiar forma de populismo, el "pepefiguerismo", por José Figueres Ferrer, tres veces presidente de la república centroamericana. Este desinterés dejaría abierta una interrogante: la de saber si derecha e izquierda no han sido con frecuencia en América Latina -como en España, con solo ver un mapa de la corrupción por regiones- en realidad dos formas de "repartir" (se) lo ajeno desde arriba. Que Costa Rica sea -junto con México- el único país de América Latina donde existen logros conseguidos desde abajo (tal vez quepa incluir al Uruguay por otros motivos) probablemente explique la notoria indiferencia actual de todos los portales de izquierda ante el destino de estas naciones.