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domingo, 20 de diciembre de 2015

MEXICO, DISTRITO FEDERAL: ¿DONDE ESTA LA CORRUPCION?

El actual jefe de gobierno del Distrito Federal, la capital mexicana, Miguel Angel Mancera, no las tiene todas consigo. El hecho de ser institucional ante una izquierda que prefiere al mismo tiempo la asamblea -donde cualquiera puede escudarse en el anonimato- y el gran pronunciamiento intelectual no ha beneficiado al jefe capitalino. Sin embargo, Mancera no está muy lejos de sacar adelante lo que se propuso: resolvió un problema grave de corrupción en la Línea 12 del Metro (problema heredado del jefe de gobierno muy izquierdista Marcelo Ebrard), ha logrado una labor eficaz de la procuraduría (casos Heaven y multihomicidio de la colonia Narvarte, contra los intentos de "politizar" el asunto bajo el anonimato del "todos sabemos quién fué"), está por conseguir la transformación de la capital en estado 32 de la República Mexicana y, tal vez, alcanzará a elevar el salario mínimo de tal modo que sea verdaderamente constitucional. De acuerdo con la asambleísta Alejandra Barrales, del Partido de la Revolución Democrática (PRD), el "estado 32" permitiría, entre otras cosas, tener mayores recursos (por ejemplo, para programas sociales) y mando sobre la policía para las futuras demarcaciones territoriales (hoy delegaciones) y, hay que agregar, una nueva Constitución que puede ser progresista. Actualmente, el Distrito Federal carece de policías: la cifra es casi ridícula para una urbe de casi 9 millones de habitantes que practican "echándole muchas ganas" el incivismo.
     Dos deportes más son favoritos de la ciudad: el valemadrismo ("qué me importa") y, sobre todo, la queja: que si por el incivismo del vecino, o que si por el reglamento de tránsito nuevo, porque me impide el incivismo a mí, cuando el que me molesta es el del pinche vecino. Que si el sol, porque calienta, o que si por el frío, porque está frío: de este calibre son las quejas del chilango, cuerpo de chile cara de chango, habitante capitalino. Hay algo en lo que el D.F. francamente no destaca: es el lugar 32 sobre 32 estados en materia de corrupción, seguido en el lugar 31 del estado de México, zona conurbada del Distrito Federal que sumada a éste hace una megalópolis de unos 20 millones de habitantes. El mismo Miguel Angel Mancera ha dicho que la corrupción es el principal mal de México y hace pocos días decidió tres líneas de acción para combatirla en el Distrito Federal (vinculación, transparencia y fiscalización).
      Con todo, hay asuntos extraños, y es la consigna de hacerle la vida de cuadritos, tanto como sea posible, a un jefe de gobierno que busca resultados y no parece estar llenándose los bolsillos. El periódico español de mayor venta en el mundo, por ejemplo, ha venido sugiriendo que el Distrito Federal se está volviendo otro espacio del crimen, incluso en zonas acomodadas como el perímetro Roma-Condesa, dizque "exclusiva zona cultural" para el rotativo (y donde, cualquiera lo sabe, abundan los jóvenes decentes, igual que en otras colonias la versión "derecha" e igual de insolente de la "clase creativa", la "burguesía bohemia"): un asalto "agrava la ola de violencia en el D.F.", titulan los ibéricos.
      De las 50 ciudades más peligrosas del mundo a principios de 2015, varias eran mexicanas, y dos, por cierto, centros turísticos, uno con el mayor número de albercas per cápita del mundo, Cuernavaca (lugar 50), con Acapulco en un triste tercer lugar (en este puerto se venden hasta niñas a los turistas extranjeros). Culiacán, capital de Sinaloa (centro-occidente) está en el lugar 24 y es notoria la baja de la violencia en Ciudad Juárez (27). La lista incluye por debajo de Culiacán a Ciudad Obregón, Ciudad Victoria, Tijuana, Nuevo Laredo, Chihuahua y Torreón, ciudad que estaría cerca de salir de este ranking. Si 10 ciudades mexicanas están entre las más violentas del mundo (9 si Torreón alcanza a salir), ¿hay algo peor? Sí, y de lejos: el muy progresista Brasil tiene en esta lista la friolera de 19 ciudades (casi el doble de México), sin contar Río de Janeiro y Sao Paulo, más peligrosas que el D.F. La ciudad más violenta del mundo sigue siendo la hondureña San Pedro Sula (primer lugar), Ciudad de Guatemala, capital de un país que se está hundiendo como el segundo más pobre de América Latina, ocupa el lugar 25 y San Salvador, capital salvadoreña, el lugar 13 (aunque es un progreso en comparación con una década o un poco más atrás). La segunda ciudad más violenta del mundo es Caracas, pero hay más venezolanas en la lista (Barquisimeto, Ciudad Guayana, Valencia). Medellín estaría por salir (lugar 40), aunque quedan de Colombia, Cali, Cúcuta y Palmira. En suma, la mayoría de las ciudades más violentas del mundo es abrumadoramente latinoamericana, pero no abrumadoramente mexicana . Dejando de lado a New Orleans, Detroit , Baltimore y St. Louis, llama la atención que haya varias del antiguo país del apartheid, Sudáfrica (Durban, Ciudad del Cabo, Nelson Mandela Bay). Desde muchos puntos de vista, los problemas parecen mucho más graves en Brasil y Venezuela que en las ciclopistas defeñas.
      Aunque haya desastres con el tráfico y algunos proyectos (tipo corredor Chapultepec, que se anunciaba una desgracia) innecesarios, por momentos pareciera que el problema del Distrito Federal, en los últimos años, ha sido el tener autoridades no corruptas que le impiden por ejemplo a quien destruyó el suplemento cultural de una revista y también toda una revista universitaria de lujo (convertida en un "club de manoseo entre los más grandes") "sortear el Oasis" ("Carta abierta a Miguel Angel Mancera"): el tráfico debe abrirse como el mar Rojo para que quien inventó datos en "El jefe máximo"siga en corruptelas (haciéndolos pasar por verdaderos y cubierto por el antiguo Obispo de Copilco ante las denuncias del falseamiento). O tal vez estas autoridades impiden, en el D.F. al menos (incluyendo las colonias Roma y Condesa, capitales del churro sin chocolate  "El Convento"), que se haga realidad la última fantasía del catedrático -también solapado por el antiguo Obispo de Copilco- que acaba de ir a comparar en Estados Unidos el México del mandatario Enrique Peña Nieto con el Chile de Pinochet y a decir que el mismo México está viviendo un "terrorismo de Estado". ¿Sin un solo soldado en la capital?. Es que los hay a quienes nadie les pide nunca resultados, suponiendo que importen: con su "rúbrica" basta hasta para"agravar la ola de violencia en la capital mexicana" o para decir cualquier cosa, mientras que los resultados de un jefe de gobierno capitalino no importan, es más: ni existen. De acuerdo con un sondeo muy reciente de Ipsos Mori, México es el país más ignorante de entre 33 escogidos, en materia de brecha entre percepción y realidad (el lugar del mundo donde las percepciones son más distantes de las realidades). Esto significa que el jefe de gobierno es corrupto -no importa que no haya pruebas- y que los corruptos no lo son, sino que son los adalides de las excelentes intenciones, las buenas conciencias, las mejores causas y lo que sea que resulte "bien pensante". Este es el tipo de "refinamiento" detrás de la queja que es difícil de soportar en la Ciudad de México (CDMX), aunque no debiera impedir reconocer que esta megalópolis no es ni de lejos "el peor de los mundos" ni ningún infierno.