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martes, 29 de diciembre de 2015

LEY DE GRAUEDAD

La universidad que viene seguirá los preceptos de Bernard de Mandeville y los consejos de Henry Kissinger. Mandeville decía que los vicios privados hacen las virtudes públicas. Kissinger, por su parte, afirmó que la mejor manera de resolver un problema es creándolo, política que Estados Unidos sigue puntualmente.
       En una economía "de mercado", un delincuente, como un rico, no es un malhechor, sino un bienhechor. Gracias a aquél vive el policía judicial que lo captura y obtiene un salario. Vive igualmente el agente del ministerio público que le toma la declaración a quien delinquió. Vive la secretaria de acuerdos que transcribe la declaración y la pasa a computadora. Vive el custodio que lleva al capturado a su celda, vive el defensor de oficio y vive el abogado que tome el caso. Viven los restaurantes de la cárcel. Viven de la extorsión -un poco menos honorable- quienes chantajean al preso. Un enfermo es lo mismo: permite el salario de por lo menos un doctor (cuando no de tres doctores, el que da la "segunda opinión" y el que está aprendiendo a tener una propia), varias enfermeras por turno (lo que multiplica los salarios de enfermeras por dos o por tres, según los turnos), los pasantes de medicina (que anotan algo en un expediente), los encargados de los exámenes de laboratorio e imagenología, el restaurante del hospital y a veces, incluso, la cafetería del hospital o hasta el hotel y la cantina/bar del hospital. Desde el punto de vista de Mandeville, eliminar a un delincuente (por ejemplo, evitando que se convierta en tal con educación, cultura, civismo y ética) o evitar con prevención que aparezca un enfermo de gonorrea es suprimir una derrama económica que permite que mucha gente reciba un salario. En el fondo, da igual si el delincuente se robó un bolillo o asaltó un banco o si el enfermo tiene sífilis o traumatismo craneoencefálico: lo que cuenta es que permta, primero, hacer ganancia (u obtener renta derivada de ganancia) y segundo, distribuir salarios. La moral sale sobrando.
      Pues bien, ya existe desde hace bastante tiempo la universidad (que vive de renta derivada de ganancia) donde lo que se enseña o se investiga importa un rábano, como ya existe el investigador que resuelve el problema creándolo (basta con estar al corriente de la "agenda"), para lo que obtiene computadoras, secretarias, viáticos, becarios, asistentes, papelería, etcétera. El contenido sale sobrando, mientras se siga investigando o enseñando "algo que gestionar": esto permitirá que entre dos bibliotecarios se pongan de acuerdo -si lo logran- para conseguir un libro, que un tercero con ayudante lo traiga si es de préstamo interbibliotecario (ya son cuatro trabajos por una petición de préstamo de un libro), que el jefe de biblioteca rote al personal de tal modo que en vez de cuatro puestos de trabajo sean ocho (toyotismo/trabajo de equipo obliga), que una secretaria llame para saber si llegó el libro solicitado (si no, en otro horario puede llamar la otra secretaria, lo que hace ya diez puestos de trabajo), que en el lugar donde fue solicitado el ejemplar suceda lo mismo (menos las secretarias, como sea ya son 20 puestos de trabajo), e incluso que un encargado haga una nota reclamando el libro si hay retraso en la devolución (seamos gentiles: 21 puestos de trabajo). Da igual que el libro solicitado sea "Una vieja historia de la mierda" para un proyecto de investigación sobre "El feminismo en los restaurantes La Vaca Negra- Tastee Freez a comienzos de los años '70: introducción a un estudio de caso". Cualquier evaluador lo aprobará  si su salario depende de la cantidad de participaciones en comités de evaluación y los cargos obtenidos así, y no de investigación o docencia con algún contenido concreto. Nadie está pidiendo calidad de nada, ya que considerarla es arriesgar la cantidad de derrama que "cualquier cosa calculable" deja en "cualquier persona calculable". Así pues, con que "el académico" haga "algo" (calculable) que multiplique milagrosamente los panes -como el delincuente o el enfermo- basta.