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sábado, 26 de diciembre de 2015

DE LA URSS A VENEZUELA: EL SOCIALISMO "GENERICO" (LO MISMO, PERO MAS BARATO)

Venezuela ha logrado en muy pocos años lo que a la Unión Soviética le costó unas cuantas décadas, a partir de Nikita Jruschov: convencer a la gente de que el socialismo es un "genérico", es decir, "lo mismo (capitalismo), pero más barato". Así se abandonó toda formación ideológica y de cuadros, se congeló la cultura como debate, se convirtió la educación en catecismo (lo que no es) y la ética en formalidad declarativa.
     Por la primacía de las finanzas, rentistas, lo que está haciendo el capitalismo actual es dar a creer que la educación, la cultura, el civismo y la ética no tienen ninguna relación con el trabajo, ni con el mérito real, y ni siquiera con el esfuerzo, por lo que todo es cuestión de instalarse en lo que algunos han llamado "zona de confort" así el mundo se vaya al carajo. En Venezuela, por ejemplo, el socialismo fast track hizo lo mismo que el capitalismo con los jóvenes, comprarlos dorándoles la píldora (sus derechos, etcétera) sin prepararlos para nada: en el portal de Aporrea, Luigino Bracci, por ejemplo, demostró el craso error de regalar tabletas a diestra y siniestra (tablets) "a chamos y chamas sin formación política, sin identificación con las necesidades (del) país, para que abran Youtube y se vuelvan adictos a los contenidos de inmensa calidad que las transnacionales del entretenimiento emiten para distraer a la población mundial". Nadie se preocupó por crear contenidos propios. "El regalar tabletas a muchachos de 18 o 19 años, jóvenes, fuertes, brillantes y capaces, también les transmitía una idea equivocadísima,  dice Bracci,que se puede obtener cosas sin luchar y sin trabajar. Y eso no es un valor socialista", aunque, agreguemos, es lo que el igualitarismo soviético o cubano transmitió a la gente en la posguerra. Aquí está el craso error de educación: el regalo recibido al estilo de la novia querida del cantautor -y monumento a la ingratitud- Pablo Milanés, ("no me pide nada a cambio de lo que da"). "Les enseñamos que socialismo era sinónimo de regaladera", constata Bracci, y hasta hubo quien les dijo "malagradecidos" cuando le pusieron varios el logo de la derecha a la misma tableta. La televisión venezolana oficial, dice Bracci, también hizo tontería y media: "comenzamos, dice este autor, a usar frases y lemas ridículos, como el 'vivir bien' y 'vivir viviendo', acompañados de la política de la regaladera...Todo esto sirvió únicamente para implantar la idea de que el gobierno era bueno porque ofrecía cosas baratas, o regaladas". ¿Qué decía tal o cual funcionario chavista? "El capitalismo es malo porque vende caro, el socialismo es bueno porque vende barato".
     Más de un soviético se fue de bruces cuando descubrió que el capitalismo vende caro -hasta el salchichón en Nueva York- y que las cosas hay que pagarlas, cuando se puede (lo que tampoco es obvio): ¿qué, no iban a caer dólares de los árboles? Ir al mercado creyendo que es el Estado de Bienestar es el tipo de extravío que se produce en quien carece de educación y de cultura (es decir, de un mínimo de conocimiento), y que cumple simulando con la obligación cívica mientras una dizque ética le dice que lo mejor es lo regalado por el Estado, sin que importe mucho de donde salió lo recibido. Dice el dicho que "lo barato sale caro" y aún no termina de verse -Rusia incluida- lo que cuesta deshacerse de la educación, la cultura, el civismo y la ética porque "son lujos que uno no puede darse" en un "mundo material" o "ideales" sin utilidad, pasada la rebeldía adolescente "a lo Che Guevara". No es el "punto": el punto es saber si se vive de trabajo o de renta (y de trabajo propio o de renta ajena), o -en cuanto a los jóvenes- de recibir todo como un regalo debido sin dar absolutamente nada a cambio. Encima, como lo ha dicho Luis Britto, la gente termina creyendo que "todo eso cae del cielo, que no presupone arduo trabajo ni hay que defenderlo". Hay que ver a las generaciones de la "sociedad opulenta", como la llamara John Kenneth Galbraith, o a los vástagos del Estado jrushoviano-brezhneviano soviético: como los jóvenes occidentales de clase media, solo saben hacer "jugadas de ida y vuelta" (de  casino, blofeando para ganar tratando de no perder ni arriesgar) sin criterio y sobre todo, sin defender nada. Llega la derecha a ofrecer -sea Reagan, Macri o la MUD (Mesa de Unidad Democrática)- y solo se preguntan qué vender -empezando por las ideas y quienes las crearon- para "llegar al precio". Y encima hay que aguantar en la izquierda "feliz" lo que Aram Aharonian ha llamado en el portal de Aporrea años de "denunciología y lloriqueo". En serio: ¿qué, o a quién hay que vender para tener con qué ante la próxima oferta en el mercado o del imperio?