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sábado, 26 de diciembre de 2015

ESTADOS UNIDOS: LA EDUCACION COMO NEGOCIO

Cuatro cosas están desapareciendo rápidamente de muchas sociedades: la educación, la cultura, el civismo y la ética. Es grave en sociedades que, como las latinoamericanas, tienden a creer que la educación son los modales, la cultura es un ornamento, el civismo un atentado contra la discrecionalidad y la ética idealismo perfectamente prescindible, puesto que "el mundo no es así".
      En países como Estados Unidos, la embestida pasa por el ataque contra toda educación que no esté restringida al adiestramiento. La cantinela de que hay que "responder a las demandas de la sociedad", repetida en universidades públicas de otros países, no tiene otro significado que el siguiente, porque esa "sociedad", curiosamente, nunca está definida: hay que responder a las "señales del mercado". ¿Qué es lo que pide por ejemplo el gobernador del estado estadounidense de Florida, Richard Scott (desde 2011)?: "Denos ingenieros, científicos, especialistas en salud y en tecnología. No se preocupen demasiado por los historiadores, los filósofos, los antropólogos y los profesores de inglés". En Wisconsin, el gobernador Scott Walker (desde 2011) propuso sacar de la universidad la enseñanza de la filosofía, con el argumento de que la misión universitaria es "resolver problemas y mejorar la vida de la gente". Para Scott Walker no importa el lema de "la búsqueda de la verdad", sino de la fuerza laboral (!).
       Cualquier universitario de un país más atrasado que Estados Unidos puede creerse que así deben ser efectivamente las cosas. La educación es una formación (un "dar forma") y una transmisión de conocimientos, pero esos gobernadores están pidiendo otra cosa: no conocimiento, sino "técnicas" (no un know why, sino un know how), y no capacidad de dar forma a nada, sino de "aplicar".
       Entretanto, desde el año 2009 (un año después del estallido de la más reciente crisis económica), la mitad de los estudiantes estadounidenses se ha graduado y siete de cada diez necesitan de algún tipo de ayuda para completar sus estudios. Por increíble que parezca, el sistema estadounidense les da el equivalente de un contrato de aparcería: créditos. Los estudiantes que se graduaron en 2014 tuvieron una deuda media de casi 29 mil dólares y los estudiantes estadounidenses deben hoy en total 1,3 billones de dólares, casi el 80 % a entidades federales.Por lo demás, los trabajos bien remunerados no abundan. En suma, al que mejor le va debe pagar una parte de ese "mejor" a quien le prestó y que se hará de un dinero sin ningún mérito ni esfuerzo, sino por negocio. Lo que por lo demás piden Scott Walker o Richard Scott no es que los graduados vayan a tener méritos o a esforzarse por "dar forma" o por conocer lo que hacen, sino a responder a un patrón o detrás de una máquina. Si es algo que deba hacerse sin mayores preguntas, quiere decir que, efectivamente, lo recibido es adiestramiento y no educación. Cualquiera puede ver la definición de educación en Internet y entender que no es lo que están recibiendo los alumnos en las universidades (en cuanto a los de ciencias sociales y humanidades, a lo sumo son tolerados si saben hacer "animación" y "entretener", para lo que, según el pedagogo estadounidense Henry Giroux, un ejército de ayudantes en Estados Unidos reciben food stamps).
      Por si es difícil de entender que no importa en el estudiante -ni en el estadounidense ni en el de muchas universidades de otras latitudes- el aprendizaje sino el negocio, en Estados Unidos las tasas de interés para créditos al estudio (de 8% o 10 %) vuelven éstos más caros que los que se otorgan para hacerse de un coche o de una casa.