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jueves, 18 de agosto de 2016

EL MONINO

Yo tuve un amigo -al menos eso creí- salvadoreño (al menos eso creí) a quien el hecho de que en la infancia John F. Kennedy le regalara una pluma lo dejó trastornado, puede que de manera duradera. Por mi parte, yo tuve la fortuna de conocer a quien será el futuro presidente de México: es hombre, no mujer. La diferencia con mi antiguo amigo es que yo no quedé (tan) trastornado.
      Lo conocí en el seminario de Economía Internacional, en un lugar que por sus siglas se llama la FE. Fue impactante, todo un acontecimiento: la clase comenzaba a las 19 horas y terminaba a las 20.30 horas, pero ese día -y creo que todos los de clase, al menos los de ese seminario- el Excelentísimo Alumno llegó alrededor de las 20 horas. Fue su entrada algo majestuoso, puesto que el Monino, nuestro futuro presidente, llegó del banco en que trabajaba al salón de clase no solo trajeado y rebosante en su cara blanca y de ojos claros (lo suficiente para ser en México candidato a lo que fuera), sino acompañado de la que será la Primera Dama, quien lo siguió en la entrada triunfal con un vestido amarillo con manchas de leopardo, lista para saltar a la fama que, según entiendo, pues la llevaba del brazo, ¿no?.
      El salón de clase estaba en el tercer piso de la FE y ya comenzando la amistad, el Monino me confió su conversación con la dama, en ese entonces su novia. Le había dicho él a ella, oteando ambos al horizonte:
     "!Algún día todo ésto será tuyo!".
     Se refería como mínimo a gran parte del sur de la ciudad que se veía desde lo alto de la FE.
      El futuro mandatario nunca perdió esa fe. Si apenas llegó a flaquear con una chava del Callejón del Diablo, un lugar de la ciudad no muy recomendable en el cual habían realojado a damnificados del terremoto: desconozco los motivos por los cuales el Monino, en esta relación, se limitó a decirle a la muchachita "tú serás mi Frida y yo seré tu Diego", algo ciertamente muy interesante, pero alejado de la silla del Aguila, ésa que Eufemio Zapata quiso quemar porque, decía, todo el que se sentaba en ella se corrompía. Tal vez simplemente el futuro presidente quería ahorrarse por un momento las tentaciones del poder, o pasaba por una "turbulencia". Lo perseguían, puesto que era vox populi que chava que lo conociera exclamaba de entrada, hasta en las situaciones más chuscas: "!he oído hablar tanto de tí, Monino!" ¿Y cómo no iba a ser, si el destino de millones estaba desde ya en sus manos, aunque esos millones aún no lo supieran (tal vez sigan sin enterarse)?
      Un tiempo compartimos alojamiento, con las debidas precauciones, puesto que nadie debía sospechar que fuéramos otra cosa que amigos en apuros económicos, obviamente transitorios, si ha de considerarse el sueldo de un mandatario mexicano. De regreso de un convivio del que yo me había retirado temprano, desafiando a un amigo común que sostenía una y otra vez que quienes reciben premios de ciencias sociales ahorcan a sus mujeres (yo acababa de recibir un premio y nada más parecían faltar el libro de Althusser, la mujer y la soga), el Monino, enojado, me representó lo que había hecho. El amigo en común, sin que yo lo supiera, parecía estar ya desde ese entonces en la lista de los miembros del próximo gabinete. El futuro presidente, en esa covacha de Avenida Colonia del Valle (lo digo para cuando pongan la placa conmemorativa), me recordó que algún día el tomaría posesión y, parándose del colchón en el que dormía y coleccionaba Primeras Damas (que pasaban a ser Segundas Damas, Terceras, y así), me dijo alegre, dándome ánimos parta la sesión en San Lázaro:
      -"!Y esperamos, Marquillos, que ese día tú nos acompañes!"
Respiré más tranquilo. Según entiendo, había estado a punto de perder la Secretaría de Cultura o una dependencia semejante por un desplante.
       A mi amigo, el Monino, le hicieron fraude al poco tiempo, en 1988, como a Cuauhtémoc. Zedillo y Fox le arrebataron la presidencia en 1994 y en el 2000. En el 2006 al Monino el sistema volvió a hacerle fraude , y aquél compartió suerte con Andrés Manuel. Supongo que en 2012 el futuro presidente de México no tenía suficientes tarjetas Monex para llegar a Palacio, ni faldas para un "Vota Monino, vota diferente". Se me ocurre que podría perder frente a Margarita, Andrés Manuel u Osorio Chong, los que "suenan", porque ahora suenan, a diferencia de esa época en el tercer piso de la FE, cuando todavía había la tradición del "tapado". El Monino lleva treinta años completamente "tapado" y tal vez por este motivo el pueblo mexicano no puede reconocer el rostro de su salvador, aunque cuando aparece en la Web, es con la indudable tristeza de quien sabe que la Revolución aún no le ha hecho justicia, destapándolo. Nuestro futuro presidente sigue a la espera de que los mexicanos sepan (sepamos) que "Recuerdos del porvenir" es algo más que la primera novela de a Garro.