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miércoles, 31 de agosto de 2016

OCCIDENTE-RUSIA: LA ESCALADA SEGUIRA LATENTE

Occidente ni siquiera repara en la "letra chiquita" de los "contratos" que los habitantes hacen con sus gobernantes.
     Hace muy pocos días, el gobierno alemán pidió algo inaudito a sus "ciudadanos": que se preparen para una "catástrofe" almacenando comida, agua y dinero para 10 días, hasta que ese mismo gobierno tenga en marcha "las medidas de seguridad suficientes". ¿Frente a qué?¿Un tsunami, tal vez? No se trata de una amenaza terrorista ni de una catástrofe natural.
       Peter Koenig esbozó dos hipótesis. ¿Se está preparando "algo" contra Rusia? El ejército alemán declaró hace poco a Rusia "país enemigo", sin que Rusia le haya hecho nada -absolutamente nada- a Alemania. El encargado del Comité de Relaciones Exteriores de la Duma Estatal rusa, Alexei Pushkov, se mostró sorprendido por el grado de sometimiento de Alemania a los designios de Estados Unidos. ¿El anuncio de la "catástrofe" fue nada más para asustar a la gente, que con miedo puede ser llevada a cualquier cosa?
      La segunda hipótesis de Koenig en The 4th media: hasta gente como Lord Jacob Rothschild ha advertido sobre la vulnerabilidad de la economía internacional actual a una nueva crisis. Las dos hipótesis están ligadas a juicio de muchos analistas rusos: ante el riesgo de una nueva sacudida financiera, o en todo caso ante la posibilidad, muy seria, de que no termine de afianzarse la recuperación luego de lo ocurrido en 2008, Occidente podría verse en la tentación de seguir en busca de "nuevos recursos" que incluyan el acceso a los de Rusia (y China), para lo cual el actual gobierno del Kremlin es un estorbo. Sin un viraje importante en Estados Unidos, la tensión con Rusia y en cierta medida con China seguirá, con los riesgos que comporta una escalada y que el habitante promedio occidental mide mal, creyéndose invulnerable: debe pensar que no hay peligro nuclear si no lo pide a domicilio, es decir, si no llega el misil "calientito hasta la puerta de su casa". Es el tipo de juego con fuego contra el que no se puede nada si quien lo hace no está en sus cinco sentidos, sino enajenado y listo, por razones objetivas -la conservación de un alto nivel de vida- a creerse lo que convenga contándose el cuento que le sirvan. Ya no es mucho lo que se puede decir.