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sábado, 6 de agosto de 2016

QUITO, ECUADOR: EL BIBERON DE ORO, PARA FERNANDO TINAJERO VILLAMAR

Con un artículo publicado en El comercio y contra el "adultocentrismo", Fernando Tinajero Villamar se ha hecho felizmente acreedor al Biberón de Oro, que otorga la Sociedad Ecuatoriana para el Bebé Feliz, junto con el Comité de Damas "Una gota de leche".
     Pero vayamos por pasos. Un portal de izquierda reprodujo hace poco una muy fuerte crítica de Yves Bonnardel al "adultocentrismo", la "dominación adulta (que) oprime profundamente a los jóvenes". Bonnardel ha recordado, muy de izquierda él, las "luchas que llevan a cabo los 'menores '(así, entre paréntesis) contra su condición (!!!), contras las discriminaciones basadas en la edad y por la igualdad política" (!!!). "La familia es así la institución más criminógena que existe", pero se puede ir más lejos: "también la propia educación, en sí misma (!!!), puede difícilmente no ser considerada una violencia". Frente a este tipo de enfoque, no queda más que hacer de cada infante un Mowgli o niño del Aveyron o detenerse un momento: trátese de las madres, los niños, los indios, los negros, los animales o la naturaleza, lo que está en juego es un inmenso operativo de biologización de la existencia. De formación alemana, el padre Tinajero Villamar seguramente no ignore qué supone este tipo de proceder.
      Tal vez antes de perder el poder, algo que le puede suceder (aunque no es el mayor interés del Biberón de Oro), Alianza País probablemente deba repartir biberones; podría hacerse al estilo chavista (Misión Babies, un asunto por el estilo, aunque suene muy inn-Maduro). Mientras tanto, el padre Tinafer, muy ducho en anticiparse a las volteretas de las situaciones y en dejar las lealtades y la gratitud en el camino, ha celebrado que el Municipio de Quito haya premiado Crítica de la sociedad adultocéntrica,  de Jorge Daniel Vázquez y Pedro Bravo Reinoso. Es un libro contra "la prepotencia del adulto", que se cree "dueño de la razón". "la juventud, agregaría yo (dice este Biberón de Oro de las Letras Ecuatorianas), no es algo que pueda medirse en términos absolutos por los años transcurridos desde el nacimiento, porque hay quienes envejecen antes de haber llegado a los 20". También los hay que rejuvenecen a toda velocidad, apenas logrado el Gran Halago Cultural Nacional, poco antes de llegar a los 80 años. A este espléndido fenómeno, que podría coronarse yendo a la cama -o a la cuna- en mameluco, se le podría llamar con ternura -y la psicóloga de la casa (¿o son ya varias casas?) lo debe saber- "regresión", por suerte que a la más feliz de las infancias. Cuando el fenómeno tiene lugar en alguien nacido en 1940 y ostensiblemente pasado de Tegretol, es una muestra de senilidad no tan inocente, como no lo es la biologización aludida. Enhorabuena, fray Fernando, ya era tiempo de perder la adultocéntrica razón.