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miércoles, 27 de abril de 2016

BARCELONA SE APUNTA AL SEXO PUBLICO

Hay muchas formas de ocupar el espacio público como si fuera privado, y en Barcelona, España, vaya que hay gente ingeniosa. Dos personas, un hombre y una mujer, se bajan del convoy del metro, en la estación Liceu, se quitan a toda prisa los pantalones y empiezan a tener sexo en una banca del andén, un sábado cerca de la medianoche. Fueron filmados y el video llegó a las redes sociales: nadie avisó a las autoridades, pese a que, como escribió un periodista barcelonés, "el fornicio en el metro está prohibido", y no faltó el que dijera "!Dale más!, aunque tampoco quien manifestara cansancio ante algo considerado "molt fort".
      Esta conducta inapropiada es acreedora a multa que puede llegar hasta 300 euros, en el Area Metropolitana de Barcelona. Algunos vigilantes del metro han dado a conocer que este tipo de actos no es tan raro: sucede en los fotomatones, las salidas de emergencia y los ascensores. En la parada de Paral lel, por ejemplo, se encontró a una pareja que, dice el periodista, "fornicaba como si no hubiera mañana" en el elevador. Cuando los vigilantes se acercaron, "el chico imploró un par de minutos" para poder terminar y los vigilantes, muy atentos, optaron por retirarse. En la parada de Tetuán ya ha sucedido que el metro tenga que frenar bruscamente porque en el túnel se dibuja la silueta de una mujer practicándole una felación a un tipo .
       Lo escandaloso no es lo descrito: debiera resolverse con la multa. Pero los políticos catalanes se lucen: la derecha protesta (CiU -Convergencia y Unión, el PP-Partido Popular) por la degradación del espacio público, el gobierno de Ada Colau no dice nada y Mireia Boya, de CUP, Candidatura de Unidad Popular, agrupación de izquierda que sostiene posturas ecológicas, declara ante Catalunya Radio que "practicar sexo no es pecado" y que es una "tontería magnificar un hecho habitual, no solo en las estaciones de metro". No es cosa de la ley, sino debate teológico y la izquierda resiste, es de suponer, a la cruzada de CiU y el PP, sin que la ley tenga nada que hacer aquí. Debe entenderse, seguramente, que quienes realizan este tipo de "actividades habituales" en el espacio público sostienen, además, "posiciones ecológicas firmes", puesto que están al natural.
      Hay que aguantarse igualmente, sin que nadie haga valer "faltas a la moral" (cierto, suena fuerte) o "conductas inapropiadas", los paseos de hordas de jóvenes en calzones en el metro en el Dia sin Pantalones (es en realidad el No Pants Subway Ride), o las declaraciones sesudas de Spencer Tunick, que reúne a multitudes desnudas para sesiones fotográficas con el siguiente argumento, repetido ahora en Bogotá: "al quitarnos nuestra ropa todos somos iguales". !Oigame no, oigame no! No suena convincente: sin ropa, ¿es igual un luchador de sumo que un indígena mexicano, por ejemplo del movimiento de los 400 pueblos, que acostumbra poner a su gente a protestar como Dios la trajo al mundo? Ahora resulta que, además de mostrar "disposición artística", desnudarse en público y tener sexo (aunque no sea el caso de las tribus de Tunick) son actos de igualdad republicana, de expresión de las libertades, sobre todo que no hay pecado, y de confraternización. De la misma manera en que se le permite a Tunick su fotografía, lo más lógico, en homenaje a este reino de la "libertad, la igualdad y la fraternidad", debería ser la instalación de "fornicaderos" en los andenes del metro, incluyendo la estación Balderas en la Ciudad de México, desde luego. Nada de castigar ni de vigilar. Quien diga que se haga respetar el espacio público será acreedor a una multa de hasta 300 euros y a 24 horas de detención en el convento más cercano. Después de todo, el rey en España no es Felipe VI; es, chantajeando a todos, el monarca Pablo Iglesias II, de Podemos. "Podemos" pensó seguramente también la parejita de la estación Liceu. Y el que aplique la ley puede hacerse linchar por conservador y agente tétrico de un pasado de curas perseguidores. Vale, vale, al atrio, castigado por transgredir "lo habitual", y los demás, "a fornicar, a fornicar/ hasta enterrarlos en el mar". Molt fort.