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lunes, 4 de abril de 2016

RUSIA: CUANDO LA CIA YA NO PROTEGE A LA ELITE POLITICA

El asunto funcionó bien en distintos lugares: Occidente no entró como el villano, sino como el salvador, en nombre de la "responsabilidad de proteger" y de la ayuda humanitaria, en nombre de la Humanidad contra el Mal, el de los seres inhumanos, para no cometer el lapsus de llamarlos "infrahumanos". Con frecuencia la campaña fue bien orquestada contra la "cabeza": Noriega, Milosevic, Hussein, Kadhafi, que si "Bashar" o "no Bashar".
      La dizque "sociedad civil" occidental cree que un político es un potencial costo, puesto que a un político "se le paga de nuestros impuestos" y es algo así como "nuestro empleado". El costo de mantener a un político debe ser el menor posible y por este motivo sería en realidad mejor tener como presidente a un empresario, puesto que, muy espléndidamente, "nos devuelve" lo que le hemos dado con una derrama de riqueza. Tal vez es lo que creían los rusos cuando en los años '90 los saqueaban los oligarcas beneficiados por el entonces presidente Boris Yeltsin. Los "políticos" privatizaban, se enriquecían y de vez en cuando había una "derrama" cuando llegaban a repatriar un poquito de lo que en realidad se llevaban corriendo a paraísos fiscales. Claro, lo del buen empresario generoso que "derrama" es otro de los cuentos que el cálculo del consumidor occidental quiere creerse:  hace rato (por lo menos desde el año 2006) la entidad europea Tax Justice Network demostró que, si la corrupción se mide por evasión de pagos y lavado vía paraísos fiscales, los países más corruptos del mundo son Estados Unidos, el Reino Unido y Suiza, Efectivamente, no es el Congo. Cabría dejar las cosas aquí: en rigor, si no hay evasión fiscal ni lavado criminal, no es ningún delito formal depositar dinero en un paraíso fiscal y los Panama Papers no han descubierto absolutamente nada.
      ¿Pero qué tal que otro líder que estorba puede aparecer como un gran ladrón? Podría ser Vladimir Putin, mandatario ruso, por ejemplo, el que podría enfilar detrás de, ya los mencionamos, Noriega, Milosevic, Hussein, Kadhafi y "Bashar". En primer lugar, los occidentales, a fuerza de créernoslo, somos gente de bien: habría que "liberar" al pueblo ruso de la opresión de políticos ladrones como ya liberamos a los soviéticos del "totalitarismo". Y además, nuestro Bien coincide con nuestro bolsillo (de otro modo ni lo haríamos, ni sería el Bien): dejaríamos de tener enfrente a un tipejo que se rehúsa a "ponerse un precio" y ponérselo a su país, encareciéndonos la operación de apoderarnos de los recursos de Eurasia. En suma: las convicciones de un idiota que al parecer no entiende las leyes de la oferta y la demanda entre los seres humanos nos salen muy caras cuando podríamos hacer el Bien bueno, bonito y barato..
      Los periódicos se amanecen así con que Putin ya casi es culpable aunque ni los Panama Papers lo mencionen, pese a que ostensiblemente lo provocan con una historia fabulosa. The guardian sostiene que millonadas "llevan a Putin". El diario español de mayor venta en el mundo dice que "la filtración de datos apunta a Putin". ¿Tengo cólicos?¿Tengo acidez?¿Agruras? Amor, tienes "Putin", échate un Pepto.
      Los Panama Papers no mencionan ni a un solo estadounidense corrupto. ¿Quien hizo la filtración? Basta con ver los amigos (our supporters/funders) que se carga el Consorcio Internacional de Periodismo Investigativo, autor de los Papers, entre otros la Fundación Ford y las Open Society Foundations, conocidas tapaderas de la Central de Inteligencia Americana (CIA), según lo denunció por lo demás el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, quien incluyó también a gente del Departamento de Estado estadounidense. Pravda.ru ha involucrado a su vez a la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
      Es un buen momento para desacreditar a Putin, puesto que se aproximan elecciones legislativas en Rusia (septiembre), donde hay crisis económica, y podría dársele al pueblo ruso la oportunidad de desquitarse de sus penas con los "ladrones". ¿Atentar contra la estabilidad de Rusia? De éso se trata, puesto que hasta ahora el "choque de civilizaciones" -un invento de Samuel Huntington que se repite en universidades aunque sea un bodrio académicamente insostenible- para provocar la implosión religiosa y "étnica" no ha funcionado, menos después de restablecida la calma en Chechenia. Ahora puede intentarse la implosión social. Después de todo, y para seguir las declaraciones de hace dos años de Konstantin Sivkov, entonces jefe de la Academia rusa de Problemas Geopolíticos, lo que podríamos llamar nuestro "sueño más salvaje" sería una entrada triunfal en la Federación Rusa como "salvadores" y "pacificadores" (peacekeepers) mientras nos cubrimos la retaguardia con un escudo antimisiles. Ya llevamos un buen rato ensayando. Después de todo, nos quedó "pendiente" el resultado de la guerra civil de 1918-1921, y es un "escenario" que podríamos "gestionar" con toda nuestra bondad de cuatro centavos (Die Dreigroschenoper).