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domingo, 24 de abril de 2016

BOLIVIA: HAVING MY BABY

La pregunta en el reciente referendo boliviano era la siguiente: "¿Usted está de acuerdo con la reforma del artículo 168 de la Constitución Política del Estado para que la presidenta o presidente y la vicepresidenta o vicepresidente puedan ser reelectas o reelectos por dos veces de manera continua?". Es probable que la búsqueda de la reelección por parte del actual mandatario de Bolivia, Evo Morales, haya mostrado una debilidad en el relevo generacional o en la formación de cuadros.
      El problema es que una parte de la sociedad boliviana, incluyendo a columnistas, intelectuales y supuestos "líderes de opinión pública" ni siquiera entendieron lo que se les estaba preguntando. En gran medida en las redes sociales se destapó un escándalo sobre la antigua amante de Morales, Gabriela Zapata, el debate sobre el hijo (vivo o no) de ambos, y los cargos de la señora en una compañía china, asunto de corrupción que no mostró ningún involucramiento del mandatario. Como lo ha señalado Ollantay Itzamná en Alainet, se impuso el morbo sexual, el "cómo le hizo Evo el hijo a Zapata", y un asunto privado se volvió público. Desde lo público empezó el involucramiento en la vida privada de Morales y el hostigamiento contra él, tal vez por parte de los mismos que reclaman en la clase media y desde los "derechos del propietario" que nadie se meta en sus asuntos, mucho menos el Estado.
      La pregunta está citada porque el artículo 168 es de la Constitución Política del Estado boliviano, no del Kamasutra. La pregunta, por lo tanto, era política y sobre asuntos de Estado, por lo que los bolivianos debían considerar la actuación de Morales (y del vicepresidente García Linera) a la cabeza del Estado, no en la cama. De otro modo, tendríamos que considerar que la vida sexual de Evo Morales es "asunto de Estado", "cosa pública" (¿tanto así?) y que asomó el "pequeño totalitario" que más de un clasemediero lleva dentro. Dejemos de lado el asunto de la duración (del mandato): Francois Mitterrand y Felipe González estuvieron cada uno 14 años en sus respectivos cargos sin que el Marqués de Vargas Llosa los acusara de "perpetuarse en el poder". Lo que no está claro es si, al término de su mandato y para la nueva clase media, Morales deberá comenzar así su informe: "!Ciudadanos! Es para mi un honor hacer de su conocimiento que durante mi mandato he tenido tres hijos, seis amantes y 270 orgasmos. Le deseo al pueblo de mi país lo mejor en las próximas erecciones".
       Inducida por las redes sociales y medios de comunicación, una parte de la sociedad boliviana simplemente se equivocó de pregunta, ya que la interrogante no era "¿Qué opina usted de la vida privada del presidente y el vicepresidente?", sino sobre la Constitución Política del Estado. Si el propietario con derechos cree que le están preguntando "¿considera usted que el pene del jefe de Estado es de buen tamaño?" y vota "no" (¿o "si"?), es que no hay gran cosa qué hacer con el sinsentido. Por cierto, el Estado boliviano no anda colocándole a cada habitante un orgasmógrafo. Qué graciosos, los nuevos ricos del boom latinoamericano del extractivismo: no quieren que el Estado se meta en sus asuntos, pero sí el derecho a instalar cámaras en la alcoba presidencial, puesto que "para éso pagamos nuestros impuestos". Así son nuestras clases medias.