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miércoles, 6 de abril de 2016

PANAMA PEPPERS: EL FIN DEL PERIODISMO INVESTIGATIVO Y OLE EL CHANTAJE UNIVERSAL

Ante todo, debo confesar que la periodista investigativa Matilde Urióstegui, con sus eternas pretensiones de tener la "exclusiva", su escaso tamaño, su origen español medio rubio y de ojos claros en un país que cree que estos solos atributos bastan para granjearse estatus, termina por caer tan mal como caían sus sempiternos opinólogos en la cadena QUE ME VE ESE. Todavía recuerdo a la enana Urióstegui repitiendo como energúmena "la francesa Florencia", "la francesa Florencia", "la francesa Florencia", como si "francesa" fuera parte del motivo de la consignación aquella, o preguntándole a la señorita Kate del Castillo "qué le diría a la sociedad mexicana", como si la Urióstegui la representara en virtud de ese voto que es el rating y convierte en tribunal a cualquiera que tenga el poder de un micrófono y un reflector. Urióstegui cree también que "Putin" se acentúa en la "i", lo cual puede desatar más especulaciones de las que se por sí se han soltado recientemente sobre el mandatario ruso. ¿Qué otros secretos aparte de los bancarios, puesto que solo es noticia el morbo?
     El caso es que hay periodismo investigativo que no sabe servirse de Internet y que prefiere andarse a las "revelaciones" sobre la base de "topos" que esta vez han creado el mundo ideal para que, instigada por este gran asistente al circo romano que es "la sociedad civil", la política termine en chismes y chantajes de prácticamente todos contra todos. Lo de que el periodismo investigativo anda mal lo dijo por cierto Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin. Aclaro que no duermo ni con él ni con su esposa patinadora que, según parece en el rumor, obedeció la orden de "Putín" (sic) de invertir en Rusia, no en centros off-shore.
     31 de julio de 2015, noticia de The Atlantic:  "Hillary helps a bank". Bien, el banco suizo UBS estaba en problemas en 2009. El IRS (Internal Revenue Service) estadounidense le había pedido -todo parece indicar que por una vía legal, no por la del hackeo pirata- a UBS los datos de estadounidenses con cuentas secretas (en Suiza hay secreto bancario, relojes y chocolates, además de fondue de queso). El banco UBS no podía responder a la petición sin violar la ley del secreto bancario suizo, pero si no contestaba a lo solicitado, la Corte Federal estadounidense tenía el derecho de encarar a la entidad con cargos criminales. Era el año en que Hitlary Clinton acababa de ser nombrada secretaria de Estado estadounidense. Se hizo un arreglo: el banco dió 4 mil 500 nombres (!el IRS buscaba 52 mil!), por arreglo de Hitlary, y al cabo de cierto tiempo la Fundación Clinton empezó a recibir donaciones, fácil es saberlo, del banco suizo UBS: de 60 mil dólares en 2008 a 600 mil (!) a finales de 2014 (como total acumulativo), de acuerdo con la Fundación del Banco. William Clinton recibía hasta 1.5 millones de dólares de UBS por unos cuantos speechs sobre salud financiera. Tal vez sin saber lo que había hecho su señora esposa, William Clinton empezó a recibir de UBS las mejores donaciones desde que salió de la Casa Blanca. Puede que no haya nada extraño: desde BNP Paribas hasta Bank of America, JP Morgan Citigroup y Goldman Sachs se las ingeniaron, contratándolo, para que Bill Clinton se embolsara 6.4 millones de dólares y la Fundación Clinton 24.9 millones de dólares. El hecho es que Hitlary evitó -contra la ley de su propio país- un escándalo cuyas dimensiones se pueden adivinar en la cantidad de datos pedida por el IRS al banco suizo. Así, la señora "de Clinton" protegió, obviamente, el interés nacional estadounidense. Lo que aquí es salvar las ganancias de muchos es en cambio en los Panama Papers (¿o es que son los Panama Peppers?) el derecho a hundir a otros más, a todo aquél que no se deje chantajear, ahora que el chantaje rige al mundo hasta en las más insospechadas, omnipresentes y cotidianas relaciones. A Hitlary la descubrió The Wall Street Journal  antes de The Atlantic y absolutamente nadie se inquietará por lo pasado. Es tiempo de damitas, las mujeres están fuera de toda sospecha por el solo hecho de ser el "sexo débil" y Matilde Urióstegui hará tan pretenciosamente como siempre su parte de rating. No podemos permitir que la censuren: cierto, nos quedaríamos sin espectáculo, porque lo que es una información veraz, no nos interesa (no tanto como las damitas).