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miércoles, 20 de abril de 2016

NAZIS: BUENO, MUCHAS AMIGAS, ¿NO?

¿Oposición de Estados Unidos al nazismo? Habría que ver.
      Allen Dulles, como jefe de la Central de Inteligencia Americana (CIA), urdió el plan que derrocó en 1954 a Jacobo Arbenz en Guatemala, dando lugar a una larga guerra interna que, según los cálculos estadounidenses, costó hasta 250 mil vidas (David Talbot, The Devil's Chessboard: Allen Dulles, the CIA and the Rise of America's Secret Government).
     Allen Dulles protegió a muchos nazis al final de la Segunda Guerra Mundial, y en particular, en un caso muy sonado, al jefe de inteligencia nazi del Frente Oriental, el general mayor Reinhard Gehlen, quien logró no pasar por tribunales de guerra e incluso organizar en buena medida el esquema "Odessa" para la huida de jerarcas del Tercer Reich a Sudamérica. Gehlen entró a trabajar en la CIA y fue el primer presidente del servicio secreto de Alemania Occidental. Gehlen había tenido la inteligencia de microfilmar los archivos nazis sobre la Unión Soviética, seguramente comprendiendo lo que estaba en juego: se los ofreció a Estados Unidos en 1945 y logró a cambio ser retirado de las listas aliadas de prisioneros de guerra. En septiembre de 1945, Gehlen estuvo secretamente en Estados Unidos. Gehlen pudo organizar la vigilancia de los países del Pacto de Varsovia. Otros nazis que estuvieron cercanos a este espía fueron Alois Brunner, responsable del campo de concentración de Drancy, y cientos más ante los cuales la CIA de Allen Dulles se hizo de la vista gorda. Gehlen fue incluso condecorado como Caballero de la Orden de Malta. Así, como ocurría desde antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, Occidente solapó al nazismo con tal de agredir a la Unión Soviética.