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martes, 12 de abril de 2016

SIMPLEMENTE MARIA

En esa época yo tenía un defecto común entre los estudiantes universitarios, aunque ya era yo investigador: llegaba a la mitad o al final de los eventos académicos muy importantes, con la única finalidad de pescar en dónde podía estar la importancia, si arrtiba o debajo de la mesa, mientras aprovechaba para ver si además servían galletitas -las marías son importantes, también- y café. En fin, que ese día francamente llegué cuando ya estaba el último orador de la mesa al final de su discurso. Alcancé a oír: "!son unos canallas!", y como el público no se levantó a darle pamba al que hablaba, supuse que el orador en cuestión se refería a otra cosa que a los asistentes. Al parecer, tenía un ataque de indignación que lo había dejado sin aliento, al borde del infarto y obligado a terminar la exposición, para mi suerte y la de mi afición a las galletitas. Son frecuentes estos ataques de indignación cuando un intelectual de izquierda habla del neoliberalismo, y el orador, para el caso, era Carlos M. Vilas.
     Supuse que la "M" era algo tan viril como "Manuel" o cosa parecida, luego de oírlo listo a desfacer entuertos neoliberales. En "Algo más que soñar", la muy popular serie televisiva cubana, el héroe viril al que todas las muchachas persiguen se llama "Carlos Manuel", creo, y además, el doble nombre suele dar abolengo. Colombia, por ejemplo, es un país aficionado a buscar la mejor combinación de dos nombres mientras quienes los llevan se matan entre sí.. Llegaste a tu fin, Roberto Miguel Restrepo -No lo tengas por seguro, Iván Eduardo Ospina, etcétera.
      Cuando los intelectuales latinoamericanos se alarmaron por la derrota del sandinismo en 1990, estalló la discusión entre quienes seguían "siempre fieles" y quienes, se decía, se estaban pasando a las filas del enemigo en fundaciones, ongs, organismos internacionales y otros tantos modos de compensar la pérdida de la utopía,  con una especie de indemnización del capitalismo triunfante. Carlos M. Vilas se había enfrentado muy valientemente a James Petras y lo había tildado en la revista Nueva Sociedad de "Chapulín Colorado de los oprimidos". Supongo que el artículo de Vilas, de escasas páginas, no fue dictaminado. Si lo fue, el dictaminador tal vez fuera pariente de Florinda Meza, Edgar Vivar, Quico, Enrique Segoviano o del mismísimo Chespirito para permitir este tipo de expresiones un poco fuera del tono académico. No importa: de seguro "M" seguía siendo "M de Manuel" y por eso hasta en Nueva Sociedad se abría el Mar Rojo.
      Hasta que me tocó ser dictaminado a mí, y por encargo, puesto que a Carlos M.Vilas le fue pedido expresamente, vía telefónica, que considerara mi texto "demasiado largo". Dicen que más abajo de Huatabampo, pueblo de mis ídolos los hermanos Almada (sobre todo Mario, por su silencio entre una balacera y otra) todos son guachos y, además, mercenarios de algo. Pues bien, mi valiente ataca-canallas empezaba a caerse: no solo era un "Popeye académico", un sicario que hacía dictámenes por encargo, sino que además parecía haber recibido mi retrato, cosa de que el plumazo no errara el blanco: el retrato se confundía para colmo con el de un familiar mío, universitario también, con el que Vilas "tenía diferencias". Las furibundas líneas del dictamen parecían advertirme algo así como "te compones o te compongo", con indirectas a mi familia, y fue así que junto al bautismo de fuego de mis "colegas investigadores" recibí algunas cuartillas que parecían casi escritas por el mismísimo capo André Gunder Frank, cuyo largo brazo ejecutor caía sobre mí mediante métodos que no eran precisamente los del Chapulín Colorado de los oprimidos.
        Aunque mi texto no salió ileso del plumazo y las autoridades no hicieron nada por pedirle una explicación a Vilas, sobre todo que parecían muy coludidas con él y ansiosas de congraciarse con su machismo, tuve el consuelo de terminar sabiendo que "M" no era de "Manuel". Yo, que lo creía valiente y no macho, por lo escuchado cerca de las galletitas ("!son unos canallas!), me había equivocado. Era "M", una "M" de...simplemente María.