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domingo, 10 de abril de 2016

MEXICO-CUBA: PARA CUANDO ME VAYA NO HABRA AMANECIDO

Ante el proceso de absorción por "poder blando" desde Estados Unidos, ni México ni Cuba tienen todas las defensas listas. La economía de ambos países ha ido dejando de ser nacional y se ha asomado el riesgo de tutela política. Según el cantautor cubano Silvio Rodríguez, "el peligro está en la absorción política", aunque no en la cultura. "Nosotros vamos a seguir haciendo rumbas y sones", agregó. No convence en lo absoluto: sin economía ni política propias (de hecho, ya se visita a Fidel como se estila internarse en un museo), hasta la cultura puede convertirse en objeto de consumo turístico banalizado para extranjeros, un souvenir.
     Jorge Domingo de Ramos, un periodista de Univisión que también tiene la costumbre de ponerse casi a gritar y a interrumpir cualquier diálogo (fue víctima mi ícono Layín, alcalde de San Blas, Nayarit, por bajarle la falda a una muchacha en público), quisiera, según un artículo publicado en un periódico mexicano, algo así como "un México sin políticos" (porque los mexicanos "no les creen nada") y con churrumais (frituras de maiz con limón y chile), "reventones" (fiestas a lo grande) y familias apapachadoras, un gran valor que es por cierto sagrado para los narcos, para empezar (ay de aquél cártel que toque a la familia de uno rival, pregúntenle al Guero Palma o al mismísimo Chapo). A De Ramos le molestan las actitudes de Layín, no muy ofensivas y sin intención maliciosa, pero no le inquieta de ningún modo lanzarse a escribir lo siguiente: "¿Por qué no aceptar la creación de una Comisión Internacional contra la Impunidad en México, dependiente de Naciones Unidas, al igual que lo hicieron en Guatemala? Sería un buen primer paso". Cierto, también podríamos dejar la política a la tutela extranjera, porque hasta estudios hechos en suelo mexicano, que dicen que en los últimos años hubo en México una "guerra civil", suponen que no sabemos autogobernarnos y que somos un muy simpático pueblo de menores de edad tragones. Entreguemos todo al extranjero y quedémonos, también, con nuestra cultura, es decir, comiendo churrumais en algún reventón familiar. Podríamos incluso invitar a nuestros amigos extranjeros, si es que no llegan por cuenta propia de gorrones a proponer que la concurrencia se de de toques.