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lunes, 25 de abril de 2016

MEXICO: Y CONTRA SU PROPIO PASADO...

La anuncia PIT Bull II como la novela que a uno no lo dejará dormir. Un hombre de confianza, de FMM, quiere ser algo así como el retrato de un hombre siniestro, el hoy extinto "superpolicía del sistema" Fernando Gutiérrez Barrios.
     La novela, que pretende utilizar muchos hechos reales, no investiga nada y repite, por ejemplo sobre el 2 de octubre de 1968 y el 10 de junio de 1971, francas mentiras. Las relaciones de Gutiérrez Barrios con Fidel Castro y Cuba, y al mismo tiempo con la Central de Inteligencia Americana (CIA), son verdades a medias en el texto, que no menciona las revelaciones completas de Philip Agee ni dice quién terminó siendo el ex oficial de inteligencia y ex diplomático cubano Pedro Riera Escalante. No hay mayor aporte sobre la "guerra sucia" de los '70 en México, salvo para el sensacionalismo, ni sobre el narcotráfico. Y ni siquiera hay investigación sobre Gutiérrez Barrios, el "hijo de la paletería". Un hombre de confianza es un monumento a la hueva, incluida la de cierta literatura.
      Lo dicho no es inexplicable, abunda. Lo extraño es la insistencia en el hecho de que a Gutiérrez Barrios, formado en el ejército y quien fuera jefe de la Dirección Federal de Seguridad, le gustara la obediencia. ¿Obediencia o sentido del deber, para bien o para mal? Una supuesta frase de Gutiérrez Barrios deja abierta la duda, al menos para el autor. Bien, Gutiérrez Barrios, quien fuera también Secretario de Gobernación, era obediente a un sistema que parece destruirlo todo, pero, según la contraportada, era además alguien a quien le gustaba que lo obedecieran. ¿Por qué alguien quiere que los demás lo obedezcan, se pregunta en franca tontería la contraportada? Por una razón muy sencilla, incluso más allá del sentido del deber: porque nadie se hace jefe militar o de los servicios secretos para que lo desobedezcan.
      Esta es la pesadilla que no deja dormir: la de un mundo donde nadie quiere obedecer, mucho menos a cualquier cosa que sea Estado, y donde nadie sabe hacerse obedecer, ni en casa, ni siendo padre o madre ante los niños, ni en ninguna parte: el antiautoritarismo es como siempre el mismo sueño del anarco-capitalismo o del capitalismo "libertario" que, de imponerse, además de servir al "caos controlado" que busca Estados Unidos, dejaría como "dictador" hasta al Marino Loko, ése que viste con lencería a los narcos que captura. Todavía pasa, pero sería más difícil imaginarse a Gutiérrez Barrios llegando en ropa de lencería a su despacho o pidiendo a sus subordinados que lo hagan. De todos modos, parece que hay que hacer cosas peores que las del Marino Loko, como desvirtuar todo el pasado y desbaratar cualquier aparato de seguridad que no sea el guardia privado de la propiedad, y extranjero si la propiedad es extranjera.