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miércoles, 27 de abril de 2016

PORTUGAL SE MODERNIZA: SUBETE A MI MOTA

Portugal ya va por fin saliendo de su atraso. Despenalizó todas las drogas, de tal modo que es posible consumir libremente marihuana, pero también anfetaminas, heroína y cocaína. Lo que está prohibido es la distribución y el tráfico.
     Si alguien es encontrado en posesión de droga, se le forma, un poco siguiendo al viejo Bernard de Mandeville en su "Fábula de las abejas", un "comité de disuasión", donde un ejército de psicólogos, abogados y trabajadores sociales aplican "terapias motivacionales", tratamientos de desintoxicación, uso de medicamentos y planes de reinserción laboral. Ha funcionado, puesto que ha disminuido el consumo de estupefacientes, pero el comentario de Vice News observa de modo un poco extraño: "las drogas han sido menos estigmatizadas y la sociedad percibe al usuario como un consumidor y no como un delincuente". Ciertamente, no hay que criminalizar el problema, pero es la palabra "consumidor" la que es un tanto rara, como lo es hecho de que Joao Goulao, inventor del sistema, no se inmute ante la perspectiva de que, a pesar de la intervención del Estado, alguien "siga consumiendo droga".
     En efecto, no debería ser nada raro ir al súper más cercano y pedir: -me voy a llevar dos lechugas orejonas, una jeringa, un queso oaxaca, tiempo aire y recarga para mi celular, una bolsa de papitas, otra de cacahuates, heroína marca Bowie, un yogurt light, dos grapas de cocaína (¿ah, todavía no llegan?¿tardarán mucho o paso más al rato?), un lavatrastes, Ray matabichos, desodorante, jabón Zote, tres churros de marihuana (¿hay Golden? Ah, sí les han surtido, mejor de una vez cuatro, señorita, !gracias!...), un Gatorade, dos naranjas y seis huevos Bachoco.
     -Ay joven, ¿ora no se lleva sus anfetaminas? -Caray, todavía tengo de la semana pasada, pero sí quiero unos Twinky Wonder y dos Gansitos para mi hijo, qué bueno que me recordó.
     La gracia es que el vicio privado haga las virtudes públicas, que es lo que proponía Mandeville en el siglo XVII. Gracias a un problema, la drogadicción, pueden vivir, como en la colmena del holandés, psicólogos, abogados, trabajadores sociales y vendedores de medicamentos: un adicto crea cuatro trabajos. Mandeville lo había advertido: la desaparición del vicio es una calamidad económica. Una campaña preventiva y la educación -con sanciones y límites incluídos, lo que no significa estigmatizar a nadie, por lo demás- sobre los daños de los estupefacientes, si funcionara, no crearía ningún consumidor y destruiría de entrada cuatro empleos. Mamá, ahorita vengo, voy al Oxxo -Andale m'hijo, no se te olviden las grapas que te pedí. Dice tu hermano Paco que preguntes en la tienda por la marihuana Chapo's Triangle.